Miles de personas deambularon por las calles, algunos con más y otros con menos destreza, pero todos con un complemento verde, sombreros, gafas, pajaritas, camisetas, pantalones, antenas y un sin fin de complementos que teñian las calles de verde, algunos cientos ya contaban con un buen atrezzo de otros años y vestían de forma divertida y extravagante, todo un espectáculo.
La celebración se abrío cuando unas lanchas sobre el rio Chicago lo tiñeron de verde, dejando una imagen espectacular, a la vez que extraña y bella. La gente acude allí a sacar fotos y disfrutar del ambiente y de la impactante imagen, mientras otros ya vuelven hacia el centro de la ciudad para coger los primeros puestos para el desfile.
Por la calle la gente se mueve en masa, abultada en los semáforos, controlada por la policía que vigila el tráfico y con diversos grupos de jovenes ebrios que ya desde primeras horas de la mañana intentan mantenerse en pie y que no obtan por el silencio como modo de expresión, la calle es una fiesta y tiene pequeños espectáculos en cada esquina, gaiteros, gente haciendo trucos de magia, vendedores ambulantes de articulos del día y músicos callejeros, incluso había uno con una batería.
¿Has olvidado ponerte algo verde y quieres participar? ¿!Donde te metiste esta semana?! La mayoría de establecimientos llevan varias semanas vendiendo artículos relacionados, hasta magdalenas he llegado a ver con el trébol de St. Patrick, pero si no has comprado nada, el centro está lleno de tiendas que siguen vendiendo artículos de lo más variopinto, el consumismo en su pura esencia.
El desfile con carrozas de comunidades de la ciudad relacionadas con Irlanda y el sonido de los músicos gaiteros, me hizo recordar mis orígenes celtas y la miña terra.
Un día espectacular en el que además acompañó el tiempo.















