Es curioso como una de nuestras principales preocupaciones en jardinería aquí en Chicago se asimila con normalidad.
En España, la preocupación suele darse en los extremos climáticos. Por ejemplo, en verano los recursos hídricos y las bajas por estrés hídrico que esa carencia supone, centran la atención, por tanto uno de los principales objetivos de nuestra jardinería es garantizar un riego eficiente, suficiente para nuestras plantas y arboles, pero también respetuoso con el medio ambiente, ya que el agua es un bien escaso, debido al clima seco. Por otro lado nuestros templados o muy templados inviernos, si los comparamos a los de Chicago, nos mantienen preocupados, en el sentido de mantener especies que puedan soportar pequeñas heladas. Mayoritariamente de estas dos circunstancias suele derivar el estado de nuestras plantas y propiciar o no otras preocupaciones, como pueden ser hongos, plagas, etc... que oportunistas, aprovechan las debilidades de nuestros arboles.
Quizás, me aventuro a pensar, las bajas son en definitiva la preocupación fundamental por el sobre coste que generan, no solo por la sustitución, si no por la mano de obra y maquinaria.
En Chicago, la jardinería revive anualmente, durante los duros inviernos hay especies que perduran bajo la fría capa de nieve, y otras sin embargo perecen, esto es asumido con normalidad en el sector, que cada año debe repoblar de nuevo sus jardineras, parterres, o zonas verdes con planta nueva. Por otro lado, el uso de bulbos está también muy arraigado aquí, tal y como se puede observar también en los climas fríos del norte de Europa, desde Holanda hasta Noruega. Y es que si algo sobra aquí, es agua, fundamental para que los bulbos se mantengan a lo largo de varios años sin que decaiga la belleza y magnitud de sus flores.
Pero aquí también se plantan anualmente flores que morirán, y se plantan en cantidades mucho mayores que en España, ¿acaso ellos tienen más presupuesto? La respuesta es no, los Chicagoenses después de un duro invierno con nieve hasta las orejas, necesitan una temporada de buen tiempo, con calles limpias y llenas de colores, con flores y arboles, necesitan sentir que la primavera se lleva el frío invierno y sin generar un coste público elevado y además saben que la ciudad no se vende igual si no se respira naturaleza.
Por eso en jardinería como en otros muchos temas las comunidades tienen un valor incalculable y además son efectivas y específicas.
Los vecindarios reúnen a agrupaciones de vecinos con los mismos intereses ( en este caso la jardinería del barrio) y estos, coordinándose con los organismos administrativos locales a nivel de distrito, discuten en reuniones sobre el plan anual, tiene toda su lógica, quién si no los vecinos saben lo que es necesario para su barrio?
Estas comunidades cuentan con donaciones privadas, de los propios vecinos, algunos menos implicados en tiempo pero más a nivel económico, cuentan con voluntarios (algo muy extendido en todos los niveles) y con una organización a menudo muy efectiva y concreta. De este modo, con el presupuesto anual y en coordinación con el presupuesto público, se encargan de trabajar ciertas zonas del vecindario, con mano de obra gratis procedente de vecinos voluntarios y con plantas a precio de coste y además, por si nadie lo había pensado a parte de contribuir a mejorar notablemente el barrio en el que viven, disfrutan de relacionarse socialmente, en campañas que suelen realizarse los fines de semana.





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